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Cuando parecía que nos estábamos acostumbrando al 4K, la siguiente tecnología en imagen, el 8K, ya ha llegado al mercado. Durante el pasado CES 2019 Samsung presentó su QLED 8K Q950R, siendo el primer fabricante en sacar este estándar de imagen, así como algunas sorpresas asociadas.

Esta tecnología también ha llegado a los dispositivos de grabación y al streaming. De hecho algunas plataformas ya están probando vídeos en 8K, como el que podemos observar abajo. Pero con frecuencia nos encontramos con la pregunta: ¿son más importantes los píxeles o las pulgadas? Tratemos de resolverlo.

Píxeles por pulgada en lugar de píxeles y pulgadas

Aunque sea un sistema de medida inglés, se ha estandarizado medir en pulgadas la diagonal de los televisores. Así, cuando un televisor se anuncia como 65”, como el QLED 8K que observamos abajo, quiere decir que la diagonal ronda los 165 cm. Los píxeles, por otro lado, son las unidades mínimas de puntos de luz y color que tiene un televisor.

Con esto queremos decir que, a grandes rasgos, las pulgadas hablan sobre tamaño y los píxeles sobre resolución. Sin embargo ambas guardan referencia con la calidad de imagen, y es que hay una tercera unidad muy interesante llamada píxeles por pulgada o ppp que nos ayuda a agrupar ambas cifras.

A priori podríamos pensar que un televisor, cuanto más grande sea, más calidad tiene. Del mismo modo a mayor número de píxeles en la horizontal, más calidad. Sin embargo, pensemos en lo poco que disfrutaremos en una película proyectada a 144p en el cine o a 8K en el smartwatch. Los píxeles por pulgada, la medida de densidad de píxeles que relaciona el número total de pixeles de un monitor con su tamaño en pulgadas horizontales y verticales, importa.

El 8K, o 4320p en la horizontal, aporta mucha calidad en pantallas que tienen cierto tamaño, ya que logra mantener una densidad de píxeles por pulgada elevada en televisores de muchas pulgadas. Y es que es la combinación de píxeles y pulgadas lo que multiplica en la experiencia de visionado, además de otros muchos factores relacionados, algunos de los cuales iremos desglosando a continuación.

No todos los píxeles son iguales

Cuando hablamos de unidades mínimas de luz, o de color, hemos de tener en cuenta que no todas las tecnologías presentan las mismas ventajas. Tengamos por un segundo presentes aquellos píxeles grandes de las consolas antiguas y el nulo parecido que guardan con los diminutos píxeles generados mediante tecnología Quantum dot (QD).

Incluso en la tecnología QD hay diferentes formas de presentarla para aumentar la calidad de imagen. En el gráfico de abajo podemos ver cómo los Quantum dots pueden ser colocados sobre chip, “guía”, sobre el panel o en el panel como parte de la propia lámina visible. Y la calidad cambiará.

La tecnología propietaria que Samsung desarrolla desde 2001 con los píxeles generados por Quantum dots tiene, por ejemplo, otras características destacables como no depender de materiales orgánicos degradables que dejen la pantalla marcada o evitar el cadmio en la fabricación.

Trasladado al candente tema medioambiental implica que la tecnología QLED es mucho más sostenible que otras propuestas tecnológicas, y no solo por la falta de aquella sustancia tóxica (cadmio). También porque el aumento de vida útil de las pantallas hace más duraderos estos televisores. Eso significa que menos televisores tendrán que ser fabricados al año. Menos impacto.

Pero, ¿merece la pena pasar del 4K al 8K?

Resulta difícil imaginar cómo es la experiencia de ver una película en 8K si no tenemos un televisor de Samsung 8K cerca. Sin una referencia con la que comparar. La mayoría de nosotros vemos nuestro televisor, aunque sea de 720p, y lo vemos bien.

Por suerte, hay formas de extrapolar cómo sería ver un vídeo en 8K al comparar otras resoluciones previas como 1080p Full HD y el 4K con HDR. El vídeo de abajo, con la pantalla partida en dos, es un punto de referencia interesante. Resulta evidente que la imagen de abajo es más cercana a la natural que perciben nuestros ojos. Y ahí está la clave, en la naturalidad.

El cambio es notable no solo en la resolución. El brillo, la percepción del movimiento o el contraste también se ve afectado, aunque más abajo veremos cómo otras tecnologías también aportan su granito de arena en la corrección de imagen. Pero, respondiendo de forma breve a la pregunta planteada: el 8K se nota, y mucho, del mismo modo que se notarán futuras mejoras.

¿Qué tienen que ver los píxeles con los reflejos?

En las pantallas de Samsung, los Quantum dots están integrados en una lámina y, acompañados de una serie de prismas en estructura moth-eye, u ojo de polilla, que impiden a la luz rebotar en la pantalla. De forma simplificada, cada led se encuentra rodeado por «paredes laterales» que impiden a la luz viajar en diagonal y generar reflejos molestos. No solo aumentan la nitidez de la pantalla al definir los píxeles, sino que también evitan que los reflejos luminosos aparezcan en salas iluminadas.

Hacen de barrera para que la luz que les llega no afecte al led. Si a esto le sumamos tecnología de disipación como la que vemos arriba, tenemos pantallas Ultrablack. Por lo que sí, hay cierta relación entre cómo son los píxeles y la estructura que los envuelve y los reflejos.

Si eliminamos los reflejos y, además, mejoramos el rango de luminosidad y contraste con tecnología como HDR (lo mencionaremos abajo) hacemos que los hasta 5.000 nits de que disponen estas pantallas cobren especial relevancia. Esto nos permitirá disfrutar de una imagen más cercana al rango al que el ojo está acostumbrado.

Muchas pulgadas, pero que tenga inteligencia artificial

La luz es importante, como acabamos de ver, pero puede ser mejorada y corregida antes de su emisión mediante nuevos procesadores como el procesador que encontramos en las pantallas Samsung QLED. De hecho en el último vídeo hemos comparado no solo resoluciones (1080p vs 2160p), sino también correcciones como el HDR (High Dynamic Range).

Es decir, qué parte de la mejora de la imagen venía dada por tecnología de corrección. Si el HDR fue muy importante en el 2K y el 4K, por supuesto sigue siéndolo para la tecnología 8K. Y es que las pulgadas y los píxeles suman más si hacemos uso de técnicas de Inteligencia Artificial (IA).

En estas pantallas el clásico reescalado de la imagen va mucho más allá de la mera suma de píxeles o distribución lineal. Los televisores Samsung QLED 8K analizan la emisión para buscar en cada momento la mejor combinación y, haciendo uso de un motor IA, corregir la señal para adaptarla a grandes pantallas.

Entonces, ¿me centro en píxeles o pulgadas? Pues en ambos, y si puede ser con tecnología que mejore la imagen, evite reflejos, haga más profundo el rango dinámico y multiplique la luminosidad a la par que hace más duradero el televisor, mucho mejor.

Imágenes | Samsung