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Vemos colores. Básicamente es el rasgo que mejor caracteriza nuestra capacidad para percibir el mundo. Salvo patologías, los colores son parte fundamental de nuestra existencia y de nuestra interacción con el mundo que nos rodea. Sabemos que el verde supone confianza. El rojo, peligro. El ámbar, precaución. El refranero popular está repleto de referencias a los colores, como el dicho “Me gustas más que el verde a los ojos”.

En el reino animal también se usan los colores como forma de identificar peligro, o como un sistema de camuflaje. Pero, ¿cómo captamos el color?¿Cómo somos capaces de “verlo”? Básicamente dependemos de nuestra biología para ello. Concretamente del trabajo combinado de las células de nuestra retina y de la parte del cerebro que procesa los estímulos de esas células.

Rojo, verde y azul más intensidad de luz

En la naturaleza existen muchos tipos de ojos. Los de los perros solo distinguen el rojo y el verde. En el otro extremo, las langostas mantis exhiben hasta doce tipos de fotorreceptores. Por su parte, el ser humano tiene tres tipos de células para captar el color, o incluso cuatro si consideramos una rara mutación genética llamada tetracromatismo.

La luz, cuando incide en los objetos que nos rodean, se refleja o se absorbe en función de las longitudes de onda correspondientes a sus niveles de energía. El espectro electromagnético es sumamente amplio, pero solo una pequeña parte cae dentro de lo que se llama el espectro visible. Es decir, aquella parte del espectro capaz de estimular las células fotorreceptoras de nuestros ojos.

Así, si tenemos una manzana roja es porque absorbe todas las componentes del espectro electromagnético menos las que tienen una longitud de onda correspondiente precisamente a lo que conocemos como color rojo, que son reflejadas y captadas por el ojo.

El ojo cuenta con células (los conos) capaces de estimularse ante la presencia de ondas electromagnéticas de tres longitudes correspondientes al azul, verde y rojo. Además, tiene otras que reaccionan ante la cantidad de luz (los bastones). Cuando hay luz suficiente, el ojo solo usa los conos para percibir el entorno que nos rodea. Si hay poca luz, los conos no funcionan y percibimos el entorno prácticamente sin color, en blanco y negro.

La tecnología imita el ojo

Tenemos únicamente capacidad para ver tres colores: rojo, verde y azul. Eso sí, podemos ver los tres a la vez. Percibimos el resto de las tonalidades a partir de las diferentes combinaciones de intensidades que captan estos tres fotorreceptores. Si hay mucho rojo, mucho verde y mucho azul, percibimos blanco. Si hay mucho rojo y amarillo, percibimos verde. Si se dan rojo y azul, magenta. Si azul y verde, cian, y así sucesivamente.

Esta ‘mezcla’ se procesa en el cerebro, que es donde, posteriormente, añadimos las convenciones cognitivas que hacen que, diferencias biológicas aparte, todos convengamos en que un semáforo en rojo es un semáforo en rojo. Es precisamente en esta tricromía en la que se sustenta la tecnología de la práctica totalidad de dispositivos encargados de capturar la luz (cámaras de vídeo o fotografía) y de mostrar imágenes (pantallas, proyectores, televisores, monitores, etcétera).

En total, el ojo humano puede ver unos 10 millones de colores dentro de lo que se llama ‘espacio de color’. El primer intento para representar los diferentes colores RGB dentro de lo que el ojo humano puede percibir data de 1931, cuando se definió el espacio CIE 1931. Después se adoptó el CIE 1976, más avanzado. Es común encontrar ambos espacios de referencia para representar la capacidad de un equipo electrónico para mostrar colores.

A partir de ahí, con la llegada de, entre otros inventos, la televisión, se empezaron a establecer correspondencias entre lo que el ojo podía ver y lo que la tecnología era capaz de mostrar. Durante décadas se trabajó con el espacio de color Rec. 709. Pero, en los últimos años, se ha extendido ese espacio a DCI-P3 y con vistas a alcanzar el Rec. 2020 a corto plazo.

La forma de representar estos espacios de color es a través de regiones delimitadas (triángulos) dentro de las cuales están las tonalidades que un dispositivo tal como un televisor o una pantalla de un móvil puede mostrar. A pesar de todo, la tecnología sigue sin ser capaz de llegar donde llega el ojo humano.

Reconstruyendo el color

Precisamente, el reto al que se enfrenta la tecnología en el cine y la televisión es el de capturar con la máxima fidelidad posible lo que está ante la cámara, codificarlo digitalmente y reproducirlo también con la máxima fidelidad en la pantalla de cine o del televisor.

Las cámaras profesionales ya son capaces de capturar las escenas dentro del espacio de color Rec. 2020. Y poseen tecnología HDR para llevar cuenta de las variaciones en niveles de luminosidad de un modo más cercano a las variaciones que suceden en la vida real que las que registraban los equipos de generaciones anteriores. Los sistemas de codificación digital permiten también almacenar la información con fidelidad.

La pelota está en el tejado de los fabricantes de televisores, proyectores o sistemas de proyección de las salas de cine para que esos contenidos se muestren con la máxima fidelidad posible.

Con la irrupción de la nanotecnología en el mundo de las pantallas, se avanzó sustancialmente en la reconstrucción precisa de los colores. En este sentido los Quantum Dots son capaces de convertir energía en colores puros dependiendo del diámetro de las partículas y es en esta tecnología en la que están basados los televisores QLED TV de Samsung. La propuesta QLED TV de Samsung ha sido optimizada durante tres generaciones tecnológicas para que lo que se vea en pantalla responda con la máxima fidelidad a la escena real.

Esta precisión se consigue a partir de los mencionados Quantum Dots, puntos cuánticos que se encargan de emitir las componentes roja, verde y azul, sumamente puras, junto con la retroiluminación LED también de gran pureza e intensidad. En la formulación de los Quantum Dots, Samsung ha introducido importantes elementos de innovación, como la eliminación del cadmio, así como un recubrimiento metálico que mejora aspectos como la estabilidad, la durabilidad y la atenuación de las fugas de color.

Además, la fidelidad de color se mantiene independientemente del nivel de brillo que se configure en el televisor. Esta capacidad se evalúa a través de la cuantificación del volumen de color. No en vano, Samsung QLED TV ha recibido la certificación de la asociación internacional Verband Deutscher Elektrotechniker (VDE) por su capacidad para reproducir el 100 % del volumen de color. Una certificación única en el mercado.

Como si estuviéramos allí

Es importante que los colores respondan a la realidad de lo que se está viendo, entre otros motivos, porque los colores condicionan nuestras emociones. La psicología de la percepción de los colores es una materia que se estudia de un modo científico con implicaciones en psicología o en marketing. Y aunque parezca que los colores se parecen dentro de un margen amplio, el cerebro es capaz de identificar matices muy finos.

Por ejemplo, los esquimales parece que reconocen hasta treinta tonalidades de blanco diferentes. Puede parecer que el blanco es blanco y ya. Pero los matices son relevantes. Así pues, la fidelidad de los colores es de gran importancia de cara a que la experiencia de uso de un televisor sea lo más satisfactoria como sea posible.

No es lo mismo una puesta de sol con una tonalidad anaranjada forzada por una tecnología incapaz de mostrar las tonalidades originales que con una paleta de colores dentro de un espacio de color más amplio y fidedigno. Con la tecnología de QD (Quantum Dots) ya se superan los requerimientos de DCI-P3 y se va camino de cumplir totalmente con el Rec. 2020.

Colores como el negro significan seriedad. El blanco, luminosidad, pureza. El rojo es pasión, fuerza, prohibición. El rosa, dulzura. El naranja armonía. El verde, esperanza…

La intensidad de luz también importa

Otra variable que los televisores QLED de Samsung manejan con solturaes la del brillo. La refinada tecnología de retroiluminación y la posibilidad de usar filtros de color mucho más exigentes al disponer de una retroiluminación sumamente pura hacen que se puedan manejar niveles de brillo de 1.500 nits e incluso 2.000 nits.

Los colores se mantienen fieles a la realidad y sin ‘quemarse’ (el equivalente a la sobreexposición en una fotografía) incluso al máximo nivel de brillo del televisor. Así, percibiremos las fuentes de luz intensas como realmente intensas. El ojo es capaz de manejar esos niveles de brillo, de hecho, en la realidad, podemos tener niveles de brillo de 1.600 millones de nits en un día soleado. El color volumétrico es un capítulo cuidado por Samsung, con una correcta renderización de colores independientemente del nivel de brillo máximo que se tenga.

Televisores que entran por los ojos

En última instancia, un televisor ‘entra por los ojos’, literalmente. Y tiene que entrar bien para que el cerebro identifique lo que está viendo con una experiencia los más cercana a la realidad como sea posible. Un correcto tratamiento del color es fundamental para conseguirlo y la tecnología QLED es óptima para mostrar las tonalidades cromáticas con un grado de realismo que, tan solo hace unos pocos años, sería impensable.

No solo está en juego la biología del color, sino también las emociones que experimentamos cuando los colores se muestran ante nosotros, incluyendo el que Carlos Pumares llamaba el ‘color noche’ que no es otro que el color negro, gracias a tecnologías como FALD (Full Array LED Dimming) presente en televisores como el nuevo QLED TV Q9FN.

Imágenes| Espektro elektromagnetiko osoaRespuesta de color, Samsung

QLED TV Samsung QE55Q8FN 4K HDR Smart TV


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